Match Point
La crítica ha sido unánime al sindicar a Match Point, última cinta de Woody Allen, como su mejor obra desde Crímenes y Pecados, fechada el año 1989. Y es que con esta película logra desarrollar con singular maestría una historia definida por los clásicos conflictos que atraviesan la filmografía completa del director, y entre los cuales figuran la duda, los malos entendidos y la culpa, sólo por nombrar algunos de sus reiterados leit motiv.
Paradójicamente y marcando una notable diferencia con muchas de las cintas del neoyorquino, esta aclamada última entrega, se desarrolla lejos del amado Manhattan de Allen, ciudad que se ha convertido de forma implícita en un personaje más. En Match Point, el rostro de Central Park es reemplazado por el río Támesis.
Las cortinas del filme se abren con la siguiente reflexión del protagonista: “en un partido, la pelota golpea en lo alto de la red; durante un cuarto de segundo, puede caer hacia uno u otro lado. Con un poco de suerte rebota en el que te conviene y ganas el partido. Pero también puede caer de tu lado, y entonces pierdes".
Esta frase, nada ingenua, cristaliza de entrada la tesis que argumentalmente subyace a la obra y es que finalmente la posibilidad de caer en desgracia o no es siempre azarosa y ésta depende únicamente de la suerte de cada sujeto. La buena suerte se convierte entonces en una especie de poder supremo capaz de determinar el nivel de gracia o desgracia inherente a cada quien. Poco importa entonces el origen o arraigo, sólo se precisa estar en el momento correcto con las personas adecuadas y esperar por cierto el certero golpe de suerte que trazará el mejor destino posible.
La historia tejida es relativamente simple: un joven irlandés, Chris Wilton, ex promesa del tenis mundial se traslada a Inglaterra para trabajar como instructor de dicho deporte en un exclusivo club londinense. Es ahí donde hará amistad con un miembro de la clase alta británica, un joven llamado Tom Hewett, por medio de quien el protagonista conocerá a las dos mujeres que marcarán su destino.
La primera de es Chloe, hermana de Tom Hewett, quien convenientemente ubicará a Chris en la empresa familiar, para luego convertirse en su esposa. La segunda mujer es la irresistible Nola Rice, una joven actriz norteamericana, interpretada por una impresionante Scarlet Johansson, quien resulta ser ni más ni menos que la novia de Tom. Ambas representarán de forma inevitable una fuerte dicotomía para el certero Chris: mientras una significa la posibilidad de lograr una posición social ideal, la otra, Nola, desatará las pasiones más profundas del bueno de Chris.
A partir de ahí, la película retrata la alza y tambaleo de Chris, de sus coqueteos con ese afán desmedido por ascender socialmente y la posibilidad cierta de lograrlo, para luego desembocar en una situación que puede llevar a que todo lo adquirido se vaya de forma irremediable al tacho de la basura.
En Match Point la reflexión de Woody Allen se centra fundamentalmente en la movilidad social como fin que valida todos los medios, en un sofisticado ambiente europeo descrito algo maniqueamente: los ricos como personas generosas, cultas y llenas de pequeños gestos de humanidad; la clase media pujante –en los gruesos arquetipos del arribista Chris y la errática Nola-, como seres descarnadamente ambiciosos y trepadores. De forma circundante a ese eje central, se mueven los temas relativos al placer, la culpa, y por supuesto al azar. El proceso, fílmicamente hablando, es bello y, en definitiva, bastante complejo.
En definitiva, el tema es si has sido afortunado, ¿cuánto estás dispuesto a perder? Y la respuesta resulta evidente: nada.