05 de 2006

Periodistas con capucha

Por: Roberto Manríquez | Perfil | mail Envía este artículo a un amigo

Desde hace algún tiempo estamos asistiendo a un desenfrenado aluvión informativo sobre incidentes de todo tipo que culminan en algunos destrozos. La prensa nos invita sin disimulo a tomar partido, interrogándonos acerca de nuestra postura ante el comportamiento calificado de irracional que protagonizan jóvenes, encapuchados o no, que parecen “querer destrozarlo todo”, como apuntaba aterrada una reportera televisiva.

La terminología empleada para referirse a los protestantes es generosa. Delincuentes, terroristas, lumpen, violentistas, infiltrados, figuran en la galería de improperios periodísticos ante un fenómeno sobre el cual no temen opinar. Es más, parecería que se sienten obligados a tomar partido, opinar y pontificar que “no son las maneras” de manifestarse.

Se trata de un sentido común periodístico algo caprichoso. Cuando se habla de la dictadura y de su legado, que incluye restos humanos que hasta hoy flotan con yunques adheridos frente a las costas de San Antonio o Santo Domingo, los colegas no se sienten inspirados a advertir que “no son las maneras” de tratar a una persona. Nunca dicen nada sobre estos auténticos ataques terroristas; en cambio, sí lo hacen cuando se incendian los camiones o predios del multimillonario y subsidiado estatal de nombre Eleodoro Matte ni cuando los dueños ancestrales de esas tierras son culpados de la agresión, aun cuando las pruebas sean endebles. Nunca veremos un reportaje sobre cómo las AFP roban sin capucha ni acerca de la forma en que todos los chilenos financiamos el salvataje de los bancos tras el colapso financiero de 1982, y etcéteras ad infinitum.

El problema siempre son los encapuchados o los infiltrados. Levante la mano el lector que sepa que más de 10 manifestantes chilenos han sido asesinados por Carabineros de las Fuerzas Especiales en lo que va de Concertación. (¿Ha visitado algún periodista a las familias de Alex Lemún, Daniel Menco o Claudia López?) Es un índice que debe competir favorablemente con Haití o Paquistán, cuyas autoridades aseguran, también, que sus conciudadanos viven en democracias “en las que uno se puede manifestar libremente”. Triunfo de la propaganda, otra vez.

Los jóvenes necesitarán de otra vida de escolares para ver a la prensa preocupada de fustigar a la autoridad por su ineficiencia. Porque pese a que el gasto en educación se ha incrementado de manera espectacular, seguimos exhibiendo penosos índices de rendimiento a escala internacional. Habría que preguntarle la explicación a uno de los responsables, que fue Ministro de Educación y generalísimo de la campaña electoral de la señora Presidente. Habría que establecer por qué la educación transita desde una búsqueda de conocimiento y desarrollo intelectual a un aprendizaje de unas técnicas para el mercado y la venta, en una enseñanza que debiera ser apresurada dado que difícilmente el planeta resista 50 años más de saqueo y depredación.

Los estudiantes de la Usach burlaron a los responsables de un estúpido programa de la televisión estatal y consiguieron leer ante las cámaras una propuesta de solución al conflicto universitario, dado que “convocamos a una conferencia de prensa y no llegó ningún periodista”. Lo patético es que los periodistas del programa estaban escandalizados por la osadía, y no por la basura de trabajo que hacen, ignorando los problemas específicos de los estudiantes. Es que, al parecer, los medios dan cobertura, únicamente, a los encapuchados.

En este escenario sólo queda exigir a los medios masivos que dejen de escudarse en “reflejar el sentir de la opinión pública” y den la cara y admitan ser principalmente los voceros inoficiosos del empresariado y los intereses creados; sólo así, si todos nos sacamos la capucha podremos conversar.

He visto a la conductora del matinal de canal 13 diciendo “estas cosas me exasperan”, “hay otras formas de manifestarse”. La verdad, se escuchaba desesperada; era sincera en su angustia por jóvenes que se quedan en su liceo y deciden no tener clases. Los retaba y les exigía deponer su actitud de “desorden”. Sin duda, cabe sentir lástima por el estado intelectual de quien lanza esas anatemas, pero es síntoma de una sociedad desigual, donde quienes tienen el privilegio de hablar siempre y sostenidamente lo hacen para defender el derecho a la propiedad –cierta propiedad claro está-, no del derecho a la vida o a la educación; y lo hacen de forma tal, ahí está el caso de la conductora televisiva, que ni cuenta se dan de aquello.

Da vergüenza cómo el periodismo denosta a jóvenes sinceramente preocupados por su futuro y por el futuro de Chile.


GranValparaiso.cl



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