03 de 2006

Días de radio

Por: José de Arimetea | Perfil | mail Envía este artículo a un amigo

Apenas pasan las ocho y treinta. Algo en el tráfico obstruido de la mañana conjura la sombra de un mal día. El escenario es el habitual: una ciudad como de posguerra, con avenidas taladradas a ritmo incesante, infinitas hileras de autos que parecen huir de la urbe en llamas, ‘operadores’ del Transantiago que, pese a su correctísimo uniforme celeste y negro, conducen con la misma virulencia de sus antiguos colegas amarillos.

Como siempre, enciendo la radio para que el viaje al trabajo se haga más corto, más llevadero. Lo primero que escucho es la voz vehemente de Matías del Río. Esta vez se encuentra entreverado en una discusión sobre las inversiones públicas en cultura. Sin que nadie se lo pida, se declara “un liberal, que cree que el Estado no debe intervenir donde el mercado ha generado una sana competencia”, una concesión acaso innecesaria en alguien con ese apellido. Es el programa ‘Mañana será otro día’, de Radio Concierto (88.5 FM). Hay que dejar pasar varios minutos antes que intervengan los otros dos periodistas: Polo Ramírez, cuyo aporte al debate es sospechoso, aunque sin duda es el más divertido del grupo (siempre festejo su clásico “como dice un amigo: eso es bueno o es malo”), y Rafael Cavada, un entusiasta militarista, experto en política internacional y en ocasiones el ‘niño malo’ de ese trío que representa con singular pasión las visiones ponderadas de nuestra clase media profesional. Son optimistas, cultos y racionales, proclives al mercado, confiados en la educación y el progreso; es decir, inofensivos en sus análisis tan políticamente correctos. Es increíble cómo pueden chacharear por horas sin que exista siquiera una diferencia en los juicios que emite cada uno; con matices insignificantes, siempre están de acuerdo en todo, como si inventariaran los lugares comunes que todo chileno relativamente informado está dispuesto a conceder.

Pero la discusión sobre las inversiones públicas en cultura continúa. Lo advierto cuando una luz roja me obliga a prestar atención nuevamente al diálogo. Al escuchar que Matías del Río argumenta que el Estado no debe meter dinero en prensa escrita, aludiendo al diario La Nación, pues hay medios de todas las tendencias (“la izquierda tiene El Siglo, The Clinic, ¡Rocinante!”, dice sin visos de ironía), decido cambiar a otra radio.

Por su ubicación en el dial, el número dos en la memoria lo ocupa Radio Duna (89.7 FM). El diálogo entre Mauricio Hoffmann y Nicolás Vergara, en el programa ‘Hablemos en Off’, es francamente pavoroso. Este último, reaccionario hasta lo paródico, sufre de erecciones continuas mientras habla en taxonomía de asesor financiero. ¿Cómo puede ser decente alguien que descifra cada dimensión del mundo y de la vida a través de signos económicos, que juzga si el país está bien de acuerdo a las señales ‘del Central’ o las ganancias de los grandes empresarios, como si después de tanta zalamería y consejo oportuno para que inviertan correctamente su dinero le tocara una rebanada de esa fortuna inalcanzable? ¿Cómo puede estar al aire un Opus Dei que consiente y justifica la crueldad absurda del mercado tal como los antiguos fieles paganos aceptaban a sus dioses belicosos, destructivos, sanguinarios? En las palabras de Nicolás Vergara asoma un cinismo doloroso; aún cuando intenta respaldar sus opiniones con argumentos certeros, su tartamudeo permanente nos lanza a un reduccionismo de tanta frialdad y cálculo que pareciera dispuesto a reeditar la esclavitud o legislar sobre el tráfico de órganos si ello permite mantener la estabilidad cambiaria. Por sanidad mental, cambio de nuevo.

No entiendo por qué aún tengo grabada la Rock & Pop (94.1 FM) en la memoria. Recuerdo que cuando comenzó me sentía identificado con su programación musical y con el grupo de periodistas jóvenes y sabihondos que conducían una serie de espacios innovadores, atractivos, los mismos que después pasaron al formato de revista y también a Canal 2, una apuesta fallida por segmentar el público de televisión abierta según rangos etarios, y cuyo reducido éxito de avisaje y audiencia fue inversamente proporcional a la profunda contribución que hizo a la trivia de nuestro país (Plan Z, Plaza Italia o El factor humano son programas que marcaron un verdadero hito generacional). Pero como ya no tengo quince, opto por seguir de largo.

Radio Tiempo (95.5 FM) me depara una sorpresa amarga. Como un cocainómano irredimible, Nicolás Larraín vocifera estupideces a una velocidad asombrosa, gritándole a un micrófono que de seguro debe tener todo salpicado con saliva. El programa lo hace junto a Fernando, su hermano, pero es él y sólo él quien se erige como único protagonista, como lo demuestra incluso el nombre del espacio: ‘Liberen a Nicolás’. ¡Por Dios, qué tipo más desagradable! Y créanme que no es pura intolerancia: puedo reconocer, por ejemplo, que Felipe Izquierdo –en el programa que comparte con Marcelo Comparini y Marco Silva en Radio Duna-, por mucho que sea detestable como persona, es dueño de un humor cáustico, mordaz, una capacidad difusa de hacer pitanzas que siempre resultan divertidas. Esto es, tiene talento. Pero Nicolás Larraín…

Quizás su gran cualidad sea pasar por irreverente sin comprometer jamás los intereses de sus eventuales jefes o auspiciadores. Tiene un eficiente filtro mental que omite cualquier ironía contra un fáctico, dejando el paso libre sólo a las que se mofan del gobierno (y hacen reír a carcajadas a los propios fácticos), o denuncian los arreglines, sinverguenzuras y traspiés de ‘los políticos’, así, de manera genérica, sin nombres ni apellidos que luego inciten una vendetta o la aparición de un adversario poderoso. Tal como en la fábula de Augusto Monterroso, ‘El mono que quiso ser escritor satírico’, Larraín teme que en la pequeña fauna chilena, donde todos se conocen, alguna urraca, serpiente o abeja se ofenda por una broma suya, y entonces sus chungas adquieren ese tono diplomático, diría que casi apologético. Pero en fin, no extiendo la tortura más de la cuenta: decido cambiar otra vez.

Siempre me salto Radio Zero (97.7 FM) en este horario; la sintonizo sólo cuando la congestión y mi inveterada simpatía por la impuntualidad se confabulan para tenerme en la calle hasta después de las nueve de la mañana, instante en que ya debería estar prendiendo el computador de mi oficina. Entonces comienza ‘Ciudadano Zero’, de Ángel Carcavilla, una entrevista de treinta minutos (creo) a individuos comunes y corrientes, los que van de febriles ecologistas a promotoras de team, pasando por la dependiente de una tienda Zara o un pendejo skinhead. Pese a que la idea de relevar al ciudadano de a pie huele un poco a Don Francisco, aquí no existe interés por transformar la persona en personaje, volverla un sujeto folklórico, lleno de exotismo y color local, que nos haga reír con las ‘salidas’ del hombre del pueblo o nos enternezca con el esfuerzo y las penurias que impone la pobreza. Sus preguntas no ahondan en los puntos morbosos ni persiguen con fruición sonsacarle algo que él o ella no quiera decir; de costumbre prefiere lograr cierta complicidad con el entrevistado, llevar el programa por los cauces de una conversación natural, sin segundas intenciones, dispuesta a la anécdota entretenida, a la risa espontánea. Pero bueno, hoy no salí atrasado y todavía restan varios minutos para las nueve; cambio nuevamente de emisora.

El último lugar de la memoria está destinado a Radio Horizonte (103.3 FM), donde el binomio compuesto por Mauricio Contreras y Julián Elfenbein conduce el insípido programa ‘Horizonte AM’. Cada vez que lo escucho pienso que si la agudeza intelectual consistiera en opinar sobre absolutamente todos los temas en un tono categórico y definitivo, diría que Elfenbein es inteligente. Lamentablemente, la lucidez requiere de fondo, de consistencia, no sólo del afán –tan mediático en la actualidad- de disertar con furia irreflexiva sobre cualquier asunto que aparezca en los medios. Y es que en ciertas oportunidades su liviandad resulta desmesurada, máxime si se le compara con los cerebros perspicaces que a ese horario analizan las mismas noticias, como los boy scout de ‘Mañana será otro día’ o los nacionalsocialistas de ‘Hablemos en Off’.

Recuerdo un incidente que puede dar luces respecto a la ligereza de que hablo. Una mañana cualquiera, Julián criticaba a Maria Gracia Subercaseaux por una situación que a su parecer delataba un evidente esnobismo. En el programa de TVN ‘La tele o yo’, donde la fotógrafa era panelista estable, defendió con fervor desmedido a un personaje de nombre curioso: Simone de Beauvoir. Él afirmó que, aunque también había leído algunos de sus libros, nunca la citaría en pantalla porque era una pedantería horrible. El uso del género, sin embargo, consignó una ignorancia garrafal: se refirió a ella como él; dijo “el Simón de Beauvoir”. Es cierto que ese nombre ambiguo propiciaba un desliz, y que además no tenía por qué conocer a la enigmática mujer de Sartre (tal como Carola Zúñiga no tenía obligación alguna de saber quién era Bolaño), pero su actitud es de ordinario bastante soberbia y crítica, y por ello el tropiezo lo condujo irremediablemente a encarnar aquella torpe caricatura que lo hizo famoso algún día: el chambón de Ponce Candidato. Sólo faltó que Contreras continuara la rutina y lo golpeara en la frente diciendo “estás dormido”, o bien que comenzara a retarlo al aire por el exabrupto, moviendo los brazos y exhibiendo una dentadura luminosa, a lo Rafa Araneda, su antiguo partner televisivo.

Tras un recorrido extenuante, finalmente regreso sobre mis pasos y pulso el número uno en la memoria: Radio Concierto otra vez. El tránsito esta mañana operó con inusual rapidez, y estoy a escasas cuadras de mi pega. Decido escuchar los últimos estertores del diálogo homogéneo con que Del Río, Ramírez y Cavada desgranan una realidad que les es tan favorable. Luego admito que nunca debí moverme de aquí. Es el espacio menos repudiable de una escena radial atiborrada -como la televisión y la prensa escrita- de opiniones monocordes, unívocas, serviles al sistema. Porque aunque en general no se mencione ni nadie se escandalice, no sólo la tele y los diarios son monopolio de la estupidez y la sutil propaganda ideológica. La radio tiene lo suyo. El hecho me lleva a pensar que podría abocarme a la música durante este pesado trayecto de 45 minutos, lo que equivaldría a escuchar un álbum completo en cada viaje. Debo tomar mis precauciones: esta andanada de comentarios ingratos no puede ser buena para comenzar el día.



Comentarios

Comparto en gran medida las palabras del columnista, ya nadie critica el fondo, sólo la forma y los periodistas de estos "seudo-programas informativos" no dicen nada por temor a alejar algún patrocinio. Pero sí tengo una discrepancia sobre algo que quizás sea accesorio o sin sentido. Es el caso de considerar al extinto Canal 2 y sus programas (Plan Z, Plaza Italia entre otros) como un hito generacional; si mal no recuerdo, Canal 2 sólo era visto en Santiago, por lo que llegó a un segmento de público pequeño, aparte de que su duración fue muy breve. No discuto que a lo mejor esos programas hayan sido muy buenos, pero no sé si podría considerarlos hitos generacionales, siendo que el 80% de la población, en el que me incluyo, nunca pudo ver dicho canal.

Cristian, de Valparaíso


Escrito por: Cristian en Mar 29, 06 | 9:25 pm

¿Se han fijado que los mismos payasos faranduleros de la TV son los que tienen tribuna en las radios? Debe ser porque representan el pensamiento insulso de los seguidores del Rafa Araneda, del CQC y otros que se han convertido en verdaderos ídolos de la manoseada "opinión pública", de la que tanto hablan estos seudo periodistas de universidades privadas. Así tenemos que los espacios radiales del día siguiente se dedican a comentar lo que ocurrió en la TV. el día anterior sin entregar un real aporte a las comunicaciones. La excepción la constituyen los espacios "deportivos" que solo hablan de peloteo (fútbol y tenis que curiosamente no son deportes sino negocios).

Al final me decido a escuchar radio Beethoven para no contaminarme con tanta basura matinal. Por cierto que si no los ha escuchado en la mañana tiene la oportunidad de hacerlo en los programas "de regreso a casa" en donde sí hay que tener paciencia para escuchar tanta estupidez.


Escrito por: Alberto Contreras en Apr 03, 06 | 9:46 am

¿Y qué les parecen los comentarios del pedante e insoportable sabelotodo "Cote" Evans?


Escrito por: Ruperto Rocha en Apr 03, 06 | 4:01 pm

Interesante artículo. Pero al autor se le olvido incluir a la Radio de la Universidad de Chile (FM 102.5), que tiene el slogan de ser "la Radio que Piensa". De verdad allí hay comentarios y contenidos. El lunes está Raúl Sohr y la parrilla programática tiene amplio análisis. Saludos desde San José de Maipo.


Escrito por: Roberto Roman L en Apr 03, 06 | 4:02 pm

Interesante artículo, porque visibiliza una más de las realidades de los medios de comunicación. Los comentarios se expresan a la hora de analizar programas de tv y radio, versan siempre livianamente sobre lo mismo: que la gente no aprecia los programas de cultura, que le gusta la farándula, y que los auspiciadores no se "pondrán" a la hora de mejorar sustancialmente las programaciones. Yo celebro que haya excepciones en el dial, como la Radio de la U. de Chile, la Tierra, la Bío Bío, la Nuevo Mundo, que intentan mejores programaciones; pero el desaliento es mayor cuando éstas y otras radios en Chile, sufren grandes problemas de financiamiento para seguir funcionando.

Es cierto que los avisadores están más dispuestos a pagar anuncios a los payasos de siempre, porque supuestamente venden, ¡qué dramático!, el problema real es, entonces, que la "televisión y la radio han sido violentamente tomadas y golpeadas por la estupidez que impone el actual modelo económico", y los "intelectuales de izquierda y parlamentarios no buscan formas de cambiar la situación".

Conclusión, cuando los pobladores allegados de Peñalolén se toman unos terrenos para poder vivir dignamente, los pacos llegan brutalmente como en los peores tiempos de Pinochet a sacarlos, pero cuando otros (empresarios, inversionistas, "comunicadores") se toman las frecuencias de televisión y radio, que son de todos los chilenos, los pacos no pueden hacer nada. Una vez más, digo que las autoridades deben gobernar para todos los chilenos, sin eufemismos rituales. Era mucho más honesto el Presidente Allende, que afirmó que no gobernaría para todos los chilenos. El de verdad quiso que los marginados y excluidos de siempre tuvieran oportunidades de desarrollo.

Aquí el problema de fondo es la ley que rige la frecuencia, la cual debe ser cambiada, pues la Subtel debe tener injerencia en el tipo de programación que se emitirá, no puede ser que cualquier pelafustán con dinero se tome las frecuencias. Los pacos debieran llegar también con bombas, balas y sacar a estos faranduleros payasos. La Subtel debiera decir algo al respecto, porque esto es una toma indigna que corrompe día a día el alma de los chilenos; pero el Gobierno está contento con esto porque el sistema imperante requiere de borregos que sumisamente adhieran a los gobiernos de derechizantes de la Concertación. Ya basta ver como el Gobierno de Lagos financió al Mercurio e hizo desaparecer la revista Rocinante.


Escrito por: Mauricio Morales Rozas en Apr 05, 06 | 9:50 am

Desgraciadamente, las emisoras santiaguinas están desde tiempo contaminadas con elementos de la basura televisiva. Lo peor es que la contaminación la reparten a todo el país, al igual que la TV. Lo tragicómico es que en las que se dice son las principales emisoras, encontramos siempre a los mismos. Los provincianos somos acosados por todos lados por esta gama de estúpidos que mantienen a todo un país, por largo tiempo, sumido en una incultura que no le permitirá dejar ser tecermundista. Entonces, esperemos sentaditos mejorar la calidad de nuestra educación.


Escrito por: Syndi Pérez en Apr 07, 06 | 9:25 am

Lo lamentable es que radios como UCV, que llega sólo a la Quinta Región, con muy buenos programas, no tenga apoyo... en todo caso igual que muchas otras. O tal vez es mejor, para que no se contaminen.


Escrito por: Verito en May 08, 06 | 4:09 pm

Me encantaria invitar a la radio al autor de la crítica para hablar de cliches radiales.
espero respuesta


Escrito por: Mauricio Contreras en May 26, 06 | 11:05 am



LO Escrito por: Alberto Contreras en Apr 03, 06 | 9:46 am

ES UNA VIL COPIA DE GRANVALPARAISO.CL


Escrito por: crxzado en Oct 18, 06 | 10:44 pm
Nombre
Email
País
URL de tu sitio web


Mostrar mi email   Recordar mis datos

Notifiquenme cuando alguien comente en este artículo


Escribe la palabra que ves abajo: