03 de 2006

Secreto en la montaña

Por: Fátima Trevigiano | Perfil | mail Envía este artículo a un amigo

La verdad es que mis expectativas eran altas, bastante altas, y se cifraban harto más allá de las toneladas de nominaciones que esta película, Secreto en la montaña, ostentaba en la última entrega anual de premios de la Academia (mejor película, mejor director, mejor guión adaptado, mejor fotografía, mejor música original, mejor actor secundario, mejor actriz secundaria) y de las estatuillas que en efecto obtuvo (mejor director, mejor guión adaptado, mejor música original). Y es que mal que mal, la entrega anual de los premios Oscar suele ser una referencia de precaria confiabilidad y por lo tanto cuestionable en cuanto a las cintas consideradas de excelencia.

Lo correcto sería decir que la cinta no me defraudó, sin embargo siento que Secreto en la montaña de Ang Lee pese a ser ciertamente una linda historia de amor que cuenta con el gran mérito de escabullir con la mayor elegancia imaginable la mirada estereotipada y prejuiciada que los medios han erigido en torno al mundo homosexual, no logró calar en mí con la profundidad que esperaba.

El desarrollo de esta historia de viaje, encuentro y amor comienza a desplegarse en Wyoming durante la década de los 60, cuando dos jóvenes vaqueros, al más puro estilo Marlboro, es decir con la estampa de chico rudos e indolentes, se conocen de manera casual en el momento en que ambos son convocados a trabajar como arrieros en la imponente y majestuosa Brokeback Mountain, que no está de más decir, ofrece un escenario de notable belleza.

La relación entre ambos personajes, en primera instancia bastante distante, lentamente va derribando sus brechas y adquiriendo de forma paulatina una tierna calidez que más tarde se convierte en pasión, y luego en el más profundo sentimiento de cariño, el cual se convertirá en el punto de partida de una estremecedora historia de amor, atravesada por la contrariedad y sostenida en el tiempo por más de veinte años.

En estricto rigor, la película funciona, se va desarrollando sin sobresaltos, dibujando un desenlace que dentro de todo, resulta predecible.

En lo personal, extrañé por completo la concreción de personajes entrañables, queribles, inolvidables. Y es que pese a la coherencia discursiva de cada uno de los personajes centrales, Ennis y Jack, ambos impecablemente construidos en términos de la capacidad para sobrellevar sus respectivos proyectos de vida, los cuales se encuentran de manera infranqueable atravesados por la dualidad y la fragmentación entre lo posible y lo anhelado, y que de forma irremediable redunda en la obligación de sostener en paralelo una relación en la cual el amor es tan puro y perfecto como se pueda pensar pero que resulta tortuoso sólo por la imposibilidad de oficializar el pacto, el compromiso, versus el rol que ambos están obligados a desempeñar al interior del esquema social que los cobija y que los ciñe de antemano a habitar un lugar en el cual el amor entre personas del mismo sexo es simplemente aberrante.

Pese a toda la construcción previamente señalada y que en el guión funciona de forma plena, no sentí el fuerte apego, ese más visceral que ciertas películas logran concretar en la interpretación de sus personajes. Pienso en Vera Drake, del mismo Ang Lee y empatizo de forma inmediata con el vivo recuerdo que guardo de la gentil Vera. No me sucedió lo mismo con ninguno de los personajes de Secreto en la montaña, ni siquiera con los bellos esbozos de personajes femeninos que completan la obra y eso es mal indico ya que este filme más que hablar de acciones habla de personas.

Creo que la gran virtud de esta cinta se sostiene en tres pilares fundamentales y que se ordenan a mí parecer de la siguiente manera: Ang Lee logra crear una película ampliamente comercial sobre un tema que sigue resultando polémico. Lo muestra sin el menor rastro de morbosidad, sin fijar sus personajes a los manoseados estereotipos homosexuales productos en parte de la homofobia misma, y por último, para lograr aquel cometido, introduce como figura fundamental al vaquero, arquetipo indiscutido de masculinidad para señalar por cursi que suene, que más allá de la rigidez aparente de los roles sociales y culturales, las únicas reglas inviolables son las del amor.

De igual modo es una bella película, con una preciosa fotografía y una sólida banda sonora. Vale la pena verla.



Comentarios

me gusto la pelicula aunque en realidad los personajes no van para niuna parte. la fotogafia y el paisaje son personajes, y los mas importantes


Escrito por: esteban en Mar 21, 06 | 3:08 pm
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