03 de 2006

Ab Initio

Por: Renato | Perfil | mail Envía este artículo a un amigo

Creo que después de tantos meses estoy listo para reproducir todos los acontecimientos del último tiempo, no sé si tal como fueron, pero sí como yo los recuerdo, que es lo mismo. No lo había hecho antes por una sola razón, tenía miedo a recordar, incluso hubiese preferido olvidarlo todo, pero creo que es imposible. El afán por olvidar me hace recordar día a día todas las cosas que hice y dejé de hacer. Debo admitir también que muchas de estas experiencias aun me quitan el sueño o perturban mi diario vivir. Incluso hacen que mis ensueños sean verdaderas pesadillas. Pero quizás el escribirlas y que otras personas las lean me puede servir de algo.

motu propio
(o mi primera cita con otra)
Esa tarde salí con esa joven, debo aclarar desde un comienzo que no tenía ni una intención con ella, solo me quería divertir por un rato y quizás no estar solo, qué se yo. Así que nos juntamos en ese museo frente al parque. Llegué tarde a nuestra cita, algo así como una media hora. La busqué desde la calle del frente pero no se veía por ninguna parte, pensé que se había ido (no me hubiese importado), pero cuando crucé la calle escuché un ey!! aquí estoy!! Me dio un poco de vergüenza no haberla notado, y creo que a ella también le incomodó un poco no ser notada sobre todo porque que llevaba puesto un vestido rojo intenso que llamaba mucho la atención (no le quedaba muy bien). Llevaba el pelo suelto (tampoco le venía). Al principio fue muy incómoda la situación, no sabía donde ir ni donde llevarla. Estaba acostumbrado a andar solo por ese parque, o con ella, por lo que su presencia me molestaba un poco. Caminando por las calles de la ciudad dormida (no sé quien estaba más dormido si la ciudad o yo) conversamos acerca de las cosas menos importantes que pueden existir en el planeta: cicatrices, lunares, pingüinos homosexuales, etc. Luego de tener que escuchar sus brillantes deducciones como que las cicatrices son sexy en un tipo de ojos verdes con cejas delgadas, o que los lunares se ven bien en un hombre cuando tiene un cuerpo escultural, o que hay que dejar ser a los pingüinos libres y que ellos decidan si quieren ser homosexuales o no, llegamos al cine a ver una película que nunca hubiese ido a ver. Pero bueno, quería salir un rato y ese era el costo. El cine estaba lleno, nos tuvimos que sentar en un rincón. De un modo u otro me encantó estar en el cine. No es que haya estado feliz de que se hubiese callado, sino que realmente apreciaba el silencio y ahora tenía ganas de ver la película.

En el curso de la película fue curioso reírnos al mismo tiempo de algunas escenas. Escenas en las que nadie siquiera sonrío. Pero solo lo tomé como un hecho curioso y aislado y no mágico como lo hubiese llamado antes. Después del cine, nos fuimos al parque de nuevo conversando acerca de las cosas que nos gustaban (salían a la luz cada vez más diferencias).

Nos sentamos en una banca del oscuro y poco transitado parque y decidí ofrecerle un poco de mi yerba, dijo al instante que si. Por lo que comencé con el ritual como es de costumbre. La melancolía comenzó a hacer su trabajo. Me sentía más extraño que nunca, como si no perteneciera a ese lugar. He oído que dicen que no importa donde estés, mientras estés con la persona correcta siempre lo pasarás bien, pero intuyo que no era la adecuada. Mientras llenaba el cuenco de mi pipa ella tomó mi mano y dijo con voz burlona: ¿Qué significa este trapo amarrado en tu muñeca?, e intentó sacarlo con un fuerte tirón. Para sorpresa mía lo que queda de ese viejo, desteñido, y gastado pañuelo que alguna vez me amarré a la muñeca derecha en señal de compromiso no me quiso soltar. Obviamente no iba a permitir que siguiera intentando, así que retiré mi mano sin cuidado y seguí haciendo lo que estaba haciendo. Ese fue, quizás, el peor error que pudo haber cometido. Tratar de arrebatar mis recuerdos.

Nos sentamos en una banca más o menos escondida, ella pidió que fuera así, para poder fumar. Luego de fumar todo lo que había en la pipa entre los dos (yo más que ella), quedé en un estado de placer absoluto junto a las estrellas que se asomaban entre los largos árboles en la inmensa y hermosa noche. Todo desapareció a mi alrededor, solo estaba yo y su recuerdo, las estrellas y los árboles. Se oían voces a lo lejos, que intenté seguir, pero nada. Por fin me sentía libre. No, creo que la palabra no es libre, no mencionaré el concepto libertad en este tema porque estaría denotando un estado de esclavitud y angustia, y mi experiencia con estas sustancias no es de ese tipo. Era todo como quería que fuera, pero a mi lado no estaba la mujer que quería, sino esta persona que ni siquiera reconocía.

Empezamos a caminar para volver a casa (adoro caminar en la noche en este estado), hubiese preferido estar solo o con ella. Tomamos el metro y llegamos en unos 2 minutos. Me bajé en la estación Plaza Egaña, la más cercana a mi casa, (no recuerdo si me despedí) y comencé a caminar hasta mi hogar. No quería tomar ni una micro ni un taxi, (creo que ya mencioné que me gusta caminar) la noche estaba demasiado hermosa como para hacerlo, hubiese sido una falta de respeto de mi parte no haberlo notado y disfrutado como lo hice.

Luego de bastante tiempo caminando, el cansancio y la fatiga me hicieron detener por un momento para descansar. Me sorprendí al notar que conocía el lugar donde estaba sentado y me resultó realmente agradable y acogedor estar en ese lugar. Busqué un cigarro, para que la gente que me mirara pensara que era un tipo normal y para verme, no sé, quizás algo interesante con todo ese humo a mi alrededor o creo que fue para tener las manos ocupadas en algo, pero recordé que no fumaba. Así que saqué un chocolate y me lo comí lentamente. Prácticamente cumplió la misma función y además calmó un poco el hambre que sentía.

No recuerdo bien cuantas horas estuve ahí sentado mirando que sé yo. Solo sé que no me podía sentir mejor. Me sentía calmado e íntegro (todo lo íntegro que se puede sentir alguien en este estado). Todos los nudos en mi garganta desaparecieron, me sentía tranquilo de verdad, una paz inusitada ya para mi me hizo dormir tan placenteramente protegido como cuando estaba con ella enredados, pareciendo uno…

Creo que en ese momento soñé con algo. Algo tan anhelado que preferí borrar de mi mente para no confundir más mis sentimientos / pensamientos. Me levanté, y noté que se apagaba la luz en el último piso de la casa justo al frente mío. El silencio me consoló cuando una lagrima quiso salir. Seguí caminando, pero cada paso parecía hacerme ir más y más en todo y en nada. Me escondí por un momento en la tibia noche queriendo desaparecer y perderme, solo con la esperanza ilusa de que ella me buscara y encontrara...



Comentarios

Buen relato. Un aporte la publicacion de cuentos breves y poesia en esta pagina

saludos pa todos ud


Escrito por: gino en Mar 21, 06 | 3:05 pm

hermosos cuento, pero siempre terminan poquitin desesperanzadores... por qué no fumarse el pito y tratar de olvidar a la antigua... siempre todos se sumergen en el dolor y no vale la pena, nadie vale la pena para eso.
eso creo yo


Escrito por: sara en Mar 28, 06 | 5:54 pm
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