El estilo sargento de la Presidenta
Es comprensible que desde su triunfo en la segunda vuelta electoral usted haya procurado, señora Presidenta, marcar distancia respecto de los partidos políticos. Pero, aunque suene un poquito de mal gusto, la pura y santa verdad es que si no hubiera sido por los partidos políticos de la Concertación, que le brindaron disciplinado apoyo, e incluso por el Partido Comunista, que terminó apoyando su candidatura en la segunda vuelta, usted no estaría adonde ha llegado. Tampoco podría estar asumiendo esos aires de superioridad respecto de algunos señores políticos que fueron cruciales para su triunfo, pero con los que usted dejó de hablar la noche misma de su victoria definitiva, dando muestras no sólo de ingratitud, sino de imprudencia pues nadie ha clavado la rueda de la fortuna y en política todo se paga, señora Presidenta.
Es comprensible la distancia que usted ha tratado de marcar con los partidos, debido al desprestigio que con toda razón ellos sufren ante la opinión pública. La gente concurre periódicamente a votar en la que los políticos y los periodistas mediocres denominan en cada ocasión “fiesta cívica”, pero no lo hace por convicción ni apego democrático, sino porque si se abstiene de hacerlo se expone a una multa; y tiene que optar entre los postulantes que presentan los partidos, ya que en caso contrario, prácticamente no tendría ninguna opción, toda vez que los independientes carecen de toda posibilidad, menos todavía que las víctimas del sistema binominal que nos rige.
De manera que la votación que reúnen los partidos integrantes de las dos grandes coaliciones que se reparten el poder en Chile y de la que ellos se ufanan, es una votación en muchos casos a regañadientes, por el mal menor, simplemente por cumplir.
Ahora bien, no cabe olvidar que usted misma, señora Presidenta, ha sido desde hace largo tiempo militante de partidos, de manera que hay algo de artificioso en la distancia que ahora usted quiere marcar, con las colectividades que conforman la Concertación. En ese intento usted ha acuñado la consigna de “Gobierno ciudadano”, que de alguna manera lleva implícita la idea de devolver a los chilenos el poder que han monopolizado los partidos políticos a través de camarillas, caciques, operadores, cúpulas y máquinas que han desvirtuado el carácter de estas organizaciones y agudizado el desprestigio que sufren los partidos, los cuales, obviamente, son indispensables en una auténtica democracia. No es por nada que cualquier dictadura, apenas se apropia del poder, declara abolidos los partidos políticos. Así que no es ninguna gracia que un país que recién concluye la transición desde una dictadura a un régimen político más civilizado disponga de partidos tan desprestigiados, débiles y manipulados por camarillas.
Antes que aprovecharse de esa debilidad, debiera usted durante su mandato, desplegar un gran esfuerzo por fomentar la existencia y operación de partidos sanos, dotados de doctrina y principios, esto es no simples máquinas para conseguir prebendas o cargos, sino que instancias capaces de ayudar a identificar los grandes problemas y desafíos en la sociedad chilena y de encauzar un debate fructífero en búsqueda de soluciones realistas.
Pero la forma en que usted ha actuado en las semanas anteriores a la asunción de la Presidencia, en particular en lo tocante a los nombramientos de Ministros y subsecretarios, plantea graves interrogantes e inquietudes, señora Presidenta, porque si puede ser comprensible que usted se muestre distante de los partidos y desconozca a personas que fueron claves en su victoria electoral, resulta inadmisible que muestre desprecio por los chilenos, a los que ha prometido un Gobierno ciudadano.
En los días anteriores a la designación de subsecretarios, nos aseguró usted que las personas que designarían estos cargos serían ciudadanos calificados y de sólida vocación de servicio público. No tenía para qué formular estas apreciaciones, en circunstancias de que bien sabemos los chilenos que la designación de subsecretarios busca siempre compensar los problemas que suscitó los nombramientos ministeriales. Hay que compensar cuoteos que se pasaron a llevar o desequilibrios que se generaron, por lo cual se llega a designar a menudo a personas que ni ellas mismas saben por qué se las nombró.
En consecuencia, usted, que ha asegurado que pretende inaugurar un nuevo estilo, en que se eviten estas expresiones vacías tan propias de la clase política y haya una mayor correspondencia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que hace, podría haberse ahorrado estos anuncios baratos que demostraron carecer de todo fundamento.
Basta señalar un par de casos, a modo de ejemplo. El ex senador Ricardo Navarrete, un político menor pero de dilatada trayectoria, llegó a mediados de la década de los 90 a hacerse cargo de la gerencia de recursos humanos de una gran empresa como es ENAP, con más de 3.000 trabajadores y que enfrentaba por ese entonces, el desafío de desvincular a muchos de sus obreros en las instalaciones en proceso de agotamiento, en Magallanes. Navarrete fue clave en el diseño de la cuchufleta legal con la que varios altos ejecutivos de ENAP se retiraron (marzo de 2001) llevándose indemnizaciones de decenas y hasta cientos de millones de pesos, sin perjuicio de que algunos lograran ser recontratados... El Presidente Lagos les exigió que devolvieran la indemnización, pero otros optaron por irse efectivamente de la empresa.
Este mismo personaje, que ya por entonces encabezaba el Comité Olímpico, hubo de dejar también el cargo poco después, en medio de un escándalo relacionado con manejos pocos claros de recursos aportados por el Estado. ¿Cómo es posible que ahora sea designado Subsecretario de la Policía de Investigaciones? ¿Tan versátil e ilustrado es este personaje, al que le han llamado “el gato”, en alusión no precisamente a sus virtudes ciudadanas?
¿Y qué decir de la dama a la que usted ha designado al frente de la Subsecretaría de Deportes, una profesora de filosofía que ha reconocido no tener ni idea de las funciones a las que ahora se le ha destinado?
Si usted pretendiera designarme a mí, periodista de profesión, gerente de una empresa portuaria, precisamente porque tengo algún espíritu cívico le respondería de inmediato que no soy la persona adecuada y declinaría el honor que usted pretende conferirme, advirtiéndole que está cometiendo un grave error. Tengo muchas dudas en cuanto al espíritu cívico de estos dos personajes, y podría dar varios otros ejemplos de individuos e individuas que no trepidan en asumir funciones para las cuales no pueden ser los más indicado(a)s.
Lo grave es que usted ha hecho sus designaciones, señora Presidenta, sin molestarse en justificarlas. Entiendo que haya actuado en secreto o con discreción, si queremos ser más elegantes, sin hacer ninguna consulta a los partidos que la llevaron al poder. Sin embargo, en consonancia con el Gobierno ciudadano que pretende usted instaurar o que pretendía hacer, debió usted haber entregado a los chilenos una circunstancial explicación de cada uno de los nombramientos. Teníamos derecho a saber, la señora Juanita y don Ruperto, por qué usted nombró a cada persona en cada uno de los cargos que ha designado. Tenía derecho a bypasearse o hacer una morisqueta a los dirigentes de los partidos, si ése es el riesgoso juego en que quiere involucrarse, pero no tenía derecho a actuar simplemente como una sargento, dando a conocer sin mayores explicaciones las nóminas de las personas a las que había honrado con designaciones que serán claves en la vida de millones de chilenos en los próximos años.
“He nombrado a Sofocleta Pérez en la subsecretaría de tal cosa, porque es una persona que...”, y allí deberían haber estado en forma transparente y creíble, las razones que la llevaron a tomar la respectiva decisión. Como usted no conversó estos nombramientos con los partidos y no tuvo la deferencia de informarle a los ciudadanos, puedo decirle entonces que ha actuado simplemente como una sargento, asilándose en las atribuciones que le confiere la Constitución, como se ha encargado de advertirlo ante las críticas surgidas, a propósito del nombramiento del Subsecretario de Aviación. El problema es que ese, señora Presidente, no es más que un argumento de autoridad, vale decir, el que puede esgrimir lo mismo, un sargento que un capitán o un general, pero no es un argumento que se asiente en la razón ni en la ética.
En consecuencia, usted, en las semanas transcurridas desde que se convirtió en Presidenta electa, ha incurrido en declaraciones fantasiosas, en simple cháchara, mostrando una inquietante veta autoritaria o militarista, según se prefiera, que nada tiene que ver con alguien que pretende instaurar un nuevo estilo, asociado a supuestas virtudes que tendría el género femenino para actuar en política.
Con todo respeto, Presidenta.
Comentarios
Extraño su comentario, señor editor: no se distingue si critica el estilo pragmático de la Presidenta, o las personas elegidas, curiosamente entre tantas sólo critica dos, pero extiende su crítica a todos, o su alejamiento, como lo define usted de los partidos. Más curioso me resulta, sin embargo, que haga un paralelo entre la
dictadura y un gobierno democrático en función de sacar del escenario los partidos políticos.
Me parece apresurado hacer un juicio de tal magnitud frente a una gestión que ni siquiera inicia. El planteamiento del gobierno ciudadano de la Presidenta, parte desde el origen de su campaña, y se concreta en primera vuelta, donde obtiene mayoría apoyada precisamente desde la ciudadanía. Inclusive su candidatura, si hablamos correctamente, no nace, como las anteriores, de los acuerdos a puertas cerradas, donde prima la cuota de poder o la presión que cada partido puede ejercer dentro de la coalición concertacionista. Nace desde la ciudadanía, y se impone hasta el punto de que hoy es Presidenta electa, con más del 54 % de los votos, ciudadanos.
Creo que su crítica apunta, más bien, al estilo de mando. Pero me temo que en países tan pequeños como el nuestro, donde la imagen de la autoridad se mezcla con la ciudadanía, esperamos que sean un aporte más a la temática de la farándula diaria.
No creo que una autoridad, legítimamente elegida, para Jefe de Estado y Jefe de Gobierno, tenga que dar explicaciones respecto de las decisiones ejecutivas. Usted no le pide explicaciones a un colegio del profesorado que decide contratar. Los resultados de su gestión se verán en la marcha. No me parece justo atribuir a ella, una supuesta influencia para cambiar la idiosincrasia política de los partidos. No es de su competencia. Ni creo
que hacer una despectiva apreciación del género de la Mandataria, sea un aporte concreto a una discusión de la forma o estilo que se impone en este nuevo gobierno.
Me temo que el comentario que escribe el sr. Gutiérrez, sólo refleja un cúmulo de contradicciones y críticas, que en ningún momento permiten entrever algún tipo de reflexión que lo induce a sustentar su crítica. En pocas palabras, malo su artículo.