03 de 2006

El existir como desgracia

Por: Fátima Trevigiano | Perfil | mail Envía este artículo a un amigo

Tendida en la playa emprendí la largamente retrasada tarea de leer La posibilidad de una isla, última novela de Michel Houellebecq, editada en Chile el mes de noviembre del año recién pasado.

La verdad es que la lectura de la novela, pese a la gran inclusión de meditaciones filosóficas, sociológicas y biológicas -por nombrar sólo algunas áreas temáticas fetiches del autor-, se hace bastante rápida, amena y fácil de abordar en términos de número de páginas por minuto. No obstante, La posibilidad de una isla dista de ser una novela fácil de digerir por cuanto Houellebecq nuevamente se empecina en radiografiar lo peor de nosotros como especie, como seres humanos.

La novela se construye mediante el entrecruzamiento de voces, cada una perteneciente a los narradores que sirven de pilares a la obra. La primera voz corresponde a Daniel1, personaje temporalmente situado en nuestros días. Humorista de oficio, caracterizado por retratar toda clase de asuntos de manera mordaz, cínica e indolente. Daniel1 es un hombre que por medio de su talento mediático ha logrado amasar una considerable fortuna y mantener una elevada reputación. Este es un hombre que se mueve en torno a los cincuenta años, con los embates que dicha edad pueda significar.

La segunda voz, en cambio, corresponde a la de Daniel25, lejano sucesor, clon para ser precisos, del ya mencionado Daniel1, distanciado de este por nada menos que dos mil años.

El relato central, como puede resultar predecible, es el de Daniel1, a quien podríamos interpretar como un buen alter ego del mismísimo Houellebecq. En esta obra nos enfrentamos a largas reflexiones acerca de la vulnerabilidad del hombre y por sobre todo a su precariedad, las cuales encuentran su punto de partida en el acabado debate acerca de la juventud como única posibilidad de supervivencia, de inserción y desarrollo pleno del sujeto a una sociedad obsesionada con permanecer eternamente joven o como el mismo Houellebecq denomina Kid, y que es aquello que acontece cuando sencillamente se pierde el sentido al ridículo, y las mujeres se empeñan en responder a los estímulos orientados a sus hijas de dieciséis años, vistiendo por ejemplo como ellas. Y es que el deseo en su forma más elemental -gustar y ser gustado-, es finalmente la única fuerza o pulsión capaz de fijar al individuo dentro de la ecuación mínima de inserción al medio social.

Argumentalmente, la obra descansa y une estos relatos distanciados por dos milenios, el de Daniel1 y su continuación genética, en el rápido surgimiento y consolidación de una secta, en cuyos fundamentos se proclama el culto a la ciencia ya que es esta la que teóricamente entrega la posibilidad de perpetuar la especie humana en un estado de perfeccionamiento biológico continúo y por sobre todo libre de las degradaciones propias de la reproducción convencional y de la formación de células sociales viciosas, absolutamente imperfectas y prescindibles como el ejercicio de la paternidad y la consecuente formación de familia.

Como es de esperarse, en esta nueva entrega literaria no quedan ausentes los corrosivos comentarios racistas a los que Houellebecq nos tiene acostumbrados. Sin reservas deja fluir una mirada descarnadamente peyorativa a judíos y musulmanes. Tampoco se quedan atrás las abundantes y explícitas escenas sexuales que de alguna forma oscura van develando la visión de la vida del narrador.

A todas luces, resulta estremecedora la visión fatalista que el autor logra dibujar. El declive del hombre con los años es absolutamente irremediable; el camino al patetismo inevitable. Porque hemos sido forzados, en el abrumador culto a la juventud, hacia una suerte de homogeneización siniestra, que lleva a la completa anulación de la identidad con lo cual se llega indefectiblemente a la pérdida absoluta de lucidez y más tarde a la simple destrucción. Y es que realmente, bajo los parámetros socialmente establecidos, después de cierto punto uno nunca logra estar realmente a la altura de las circunstancias. Metáfora de ello, es el paisaje que por medio de sus relatos nos entrega Daniel25: la tierra como la conocemos ha desaparecido, ha sido desbastada por el mismo hombre–primate. El hombre ha derivado a la forma más básica de ser salvaje. Culpable de ello es la falta de intercambio cultural genuino, intelectual, libre. Se plantea finalmente que sólo los más egoístas lograran perpetuarse.

Una vía de escape a este sombrío escenario podría ser el aislamiento. Probablemente sólo en la inmensidad del silencio, en la más profunda de las soledades, aquella desprovista de cualquier contacto humano y por supuesto de la feroz lucha que las relaciones con los otros impone, se logre una cierta plenitud, una tranquilidad, una calma posible.



Comentarios

qué ocurre con huellebecq que en todas sus novelas la desesperacion desborda las pags. el frances se demuestra como un cínico pero en realidad es un moralista que pontifica contra nuestros vicios de modernidad agresiva desde lo incorrecto


Escrito por: gomezoso en Feb 24, 06 | 4:56 pm

mi opinion que es que este escritor esta creando uno de los mundos narrativos mas complejos y apasionantes de todo el panorama. se puede criticar que se la vedette de las letras y puede ser cierto, pero en 100 años mas eso se habrá olvidado y sólo quedará la visión más descarnada de nuestro tiempo, sin complacencias, que cuestiona todo más allá del bien y el mal, sin escrúpulos morales de época. ahora, sobre los texto en el plano literario es dificil saber si es crea mucho o poco ya que las traducciones manejan nuestras lecturas y al que leemos es al traductor epañol, coño, y no ha houellebecq. tal vez habria que leerlo en su propia lengua para saber sus contribuciones


Escrito por: eva en Feb 27, 06 | 6:09 pm
Nombre
Email
País
URL de tu sitio web


Mostrar mi email   Recordar mis datos

Notifiquenme cuando alguien comente en este artículo


Escribe la palabra que ves abajo: