02 de 2006

N

Por: Fátima Trevigiano | Perfil | mail Envía este artículo a un amigo

Probablemente no existan palabras para acallar el ensordecedor zumbido del silencio.
Con cada desgarro, con cada pulsión se va la vida hecha pedacitos.
Las esperanzas cifradas en la tierna espera son ahora evocaciones malditas de la peor de las pesadillas.
El cuerpo traicionero ha jugado una mala pasada.

Vientre gitano.
Vientre felino, altanero y maldito.
No tienes perdón.

¿Cómo volver a creer?
Cómo consolar al propio cuerpo si este es incapaz de albergar a los nuestros. A lo mejor se merece que esta culpa lo atormente sin tregua.
La jaula se ha quedado vacía...
Por la puerta se nos escapó el alma y no volverá más.

Aún así fuiste madre.
Lo eres y lo serás.


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