12 de 2005

Premio 'Y. A. F' Diciembre

Por: Dolores Bloomas | Perfil | mail Envía este artículo a un amigo

1. Francisco Javier Cuadra: Es de suponer que ya se ha gastado suficiente tinta en analizar las palabras de Cuadra respecto a la vendetta de la dictadura tras el fallido atentado contra el demente senil. Tal vez sólo cabe apuntar algo sobre la estupefacción de algunos –incluso Patricio Fernández, director de The Clinic, quien insinuaba el germen de una posible amistad con Francisco Javier- al comprobar que este hombre educado, de lecturas variadas e inteligentes, amante y defensor del pluralismo en el espacio académico, tenía un pasado atroz e irremisible. Muchos se mostraron incrédulos al enterarse de sus fechorías –con una ingenuidad ridícula, se diría que insultante-, arguyendo que el Rector de la UDP tenía sus bonos en alza ante el mundo progresista ligado a la Concertación. Pues bien, todo parece indicar, amigos perplejos, que es del todo posible que alguien de gustos refinados y exclusivos, un verdadero paladín de la alta cultura, pueda haber sido un deleznable encubridor de crímenes horrendos. De hecho, si averiguamos, capaz que Sergio Fernández, Jovino Novoa o Alberto Cardemil asistan con regularidad al Teatro Municipal, y que en su videoteca –además de documentales post 11 relatados por Claudio Sánchez- posean el catálogo completo de Andrei Tarkovski, Ingmar Bergman o aun del interesante Theo Angelopoulos.

2. Pedro García: El inverosímil altercado que el Ministro de Salud sostuvo con algunos dirigentes del gremio, más específicamente con una trabajadora del Hospital Carlos van Buren de Valparaíso, nos ensaña no sólo la verticalidad con que se relacionan quienes ostentan el poder en nuestro país, sino además que, tal como se intuye por la experiencia cotidiana, es un verdadero privilegio tener un trabajo hoy en día. El Ministro, de hecho, lo plateó casi en esas palabras. ‘Usted debería agradecer tener un trabajo por el que muchos darían el alma’, dijo, o algo así. Esto también se puede traducir –para que se entienda la connotación ofensiva de la frase-, apelando al coloquialismo propio del chileno de a pie: Quédate callá conchetumadre y agradece que parai la olla que te puedo despedir al toque; tenís la media cueita de tener laburo maraca culiá, o acaso no lampariai que en este país de mierda es un privilegio ganarte las moneas tan fácil; así que pa entro chuchetumare y anda a alegarle al sindicato a ver si los pescamos a los culiaos weones.



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